CARNAVAL DE CHALHUANCA
APURÍMAC
En
Apurímac, que quiere decir “El Poderoso que Habla”, la música del carnaval
es bravía, guerrera, violenta y profunda como el cauce del gran río de su
mismo nombre.
En
las plazas de los pueblos de Apurímac, reina la tinya y el pinkullu toda la
semana de carnaval y desde un mes antes anuncian de los cerros, desde la
cabecera de los maizales, la llegada de la fiesta.
En los días de lluvia, entre el ruido del aguacero, la voz del pinkullu
llega a los pueblos, anunciando, llamando, preparando el ánimo de la gente para
el pukllay, para los días de canto y de danza sin medida.
El
atoq kjpe o huarkanakuy, que representa a las comunidades indígenas, acompañados
de sus autoridades y vecinos notables, hacen
su ingreso a las plazas, cantando y bailando, enardeciendo y levantando
la alegría, incendiando el entusiasmo y reuniendo a la multitud.
Las pandillas o comparsas completan la fiesta de los carnavales.
En
los valles de Chalhuanca, capital de la provincia de Aimaraes, el carnaval cobra
todo su esplendor musical y dancístico.
Centenares de canciones distintas, en quechua y en castellano, una por
barrio, por cada ayllu.
La canción es tierna y amorosa, telúrica y picaresca, algunas veces es
triste.
Los lugareños lo bailan con toda la fuerza del espíritu.